Cual amarillo papel que una gaveta guarda como su mayor tesoro, las imágenes que nunca viste se almacenan en mis pupilas.
Eras tan bella antes de nacer.
Existir no es algo natural. La existencia desea sangre... sangre de posibilidades que han dejado de ser, y reposan en el olvido, como ese Mambrú que los niños tanto invocan cuando aún se presentan tiernos.
Tu figura, otrora misteriosa y divina, resulta no ser más que una mala imitación de un dios griego, pues
no has perdido las pupilas, el egoísmo las ha dejado dentro de tu alma.
Tu mirada sigue erguida en su pedestal de marfil. Pedestal teñido de rojo, ajeno y esclavo.
¿Acaso ningún ángel ha estudiado los cantos gregorianos?
El gallo aún no ha traicionado al alba.
El amanecer hace tiempo que es verdugo del gallo.