sábado, 12 de julio de 2014

Fin (100)

Bajo tus espinas de siempre yace la siempre etérea, la inmaculada.
La que jamás existió, el caos del mundo.
La que corría con el viento, y la que se iba con el tiempo.
Y conforme a la materialización del pensamiento, renacieron los soles, y perecieron las rosas, siempre fantasmas, de febrero.
Es cierto, en tu mundo siempre llueve, desde fuera, desde lejos. Mientras tú cada vez te renuevas, y yo sigo cada vez más viejo.
Quemamos todo el mundo nuevamente, por placer o por diversión. Y entre ruinas nos alzamos, jugando como la brisa, cayendo hasta el suelo.
Cantaron bajito himnos de guerra, en nuestro honor, mis dioses muertos. Pero es hora de que encuentren contigo su descanso eterno.
Hoy cuelgo las ropas que manché de melancolía, como lo hiciste tú en su momento.
Mas quiero que quede algo en claro, antes de que acabe con todo esto.
Ni ayer, ni en las noches que fueron, ni en tus besos falsos, ni en los sinceros, ni en los labios que ya no serán mios, aunque ya no los quiero. Ni hoy en el vacío, ni mañana, en la sombra de lo incierto.
¿Sabes? No me arrepiento

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