No recuerdas cuando empezaste a migrar entre mundos. Una mañana de esas ya te encontraste así: invadida, ajena y extraña. Te encontraste desnuda ante lo desconocido y decidiste abrazar esa sensación. Era el momento de perder la cabeza, de empezar a actuar sin razón, de enamorarse como esos extranjeros que ves en las películas.
Empezaste a frecuentarlo y a disfrutar su compañía, empezaste a dibujar realidades en tu mente.
Bailabas en tu cuarto al ritmo de esa canción que tanto disfrutas la letra, y aunque que no compartiera tu nombre, no te importa, el te la cantará, mientras te mira fijo a los ojos, mientras se quema con el calor de tu pecho cuando lo sientes cerca.
El mundo era tuyo, y tú sólo quieres quedarte en el suyo. Y tú sólo quieres entrar al suyo.
El universo no tiene nombres. Tú eras una, y el era el único. Estabas en desventaja, pues era muy poco probable que tus planes funcionaran, pero tú mandabas las señales correctas, y recibías las respuestas esperadas.
Eras la mano que mueve todo en el tablero de ajedrez.
Los sueños no te favorecían en las noches, pero lo imaginabas despierta, y era perfecto, y eras perfecta, eras exacta y precisa, y él era tuyo. Arácnida dedicación cazando al desprevenido, tejiendo un futuro invisible, fría con el cristiano que cenarías en tus redes.
Tu mente llevaba su nombre, invocabas su imagen con el pensamiento, y tú sonreías, esperando tu tiempo, esperando su momento, y consumar la felicidad máxima de tu más grande capricho.
Tarde comprendiste que tú llevabas las cadenas de esclava. Tarde te viste atrapada en sus garras y demás encantos.
No fue hasta tarde que oiste que la canción que tanto cantabas era la correcta, pero tu nombre era el equivocado.
Las caídas duelen más cuando descubres que tus alas siempre fueron falsas
viernes, 24 de enero de 2014
jueves, 16 de enero de 2014
Orgullo ante la razón
Incómodos en nuestras versiones, en nuestra posición de omnipotencia.
Incómodos de nuestro pasado, pero dejando de lado un poco de nuestro orgullo, volvemos a mirarnos una vez más. Intentamos unirnos en una sola idea, en una sola intención. Pero, ¿cuánto puede mezclarse la tierra con la tierra?
Rígidos como esfinges, guardando nuestro santuario personal, cuidando nuestra autoridad.
Tú buscabas al único, pero yo buscaba a la mejor. Y es algo que nunca me perdonarás, pero es perfecto, yo no creo que haya nada que perdonar en situaciones acertadas.
Aunque los detalles nos maten, insistimos en mezclar tierra con tierra.
Amor de locos, como solo el nuestro.
Incómodos de nuestro pasado, pero dejando de lado un poco de nuestro orgullo, volvemos a mirarnos una vez más. Intentamos unirnos en una sola idea, en una sola intención. Pero, ¿cuánto puede mezclarse la tierra con la tierra?
Rígidos como esfinges, guardando nuestro santuario personal, cuidando nuestra autoridad.
Tú buscabas al único, pero yo buscaba a la mejor. Y es algo que nunca me perdonarás, pero es perfecto, yo no creo que haya nada que perdonar en situaciones acertadas.
Aunque los detalles nos maten, insistimos en mezclar tierra con tierra.
Amor de locos, como solo el nuestro.
domingo, 12 de enero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
Madrugadas (NN)
El viento te anuncia en noches frías como ésta. Y llegas suave, en una nube de recuerdos.
Hoy es día de materializarte entre las telarañas de mi pensamiento, hoy es día de volverme etéreo y ser infinito, como tu perfección. Hoy pensarte no fue suficiente, y te quise mia, y te abrazé en los lugares donde no te pude encontrar.
Nunca me bastó tu ausencia, aunque es cierto que es por ella que retumban mis latidos cada vez más fuerte cuando consigo verte, o peor aún, cuando sólo creí haberte visto y el entorno te dibuja, como sabiendo que no hay mayor gloria que cuando apareces en una de nuestras tardes paganas.
Mujer de cadenas, que nos atas a los pobres mortales con tus ojos, que nos despojas de voluntad con tu sonrisa, que nos destruyes para siempre en tu olvido, fue suicidio tratar de retener tu suavidad.
Si bien es cierto que sabia de antemano que eras perdición, ahora podría volver a aceptar todo de ojos cerrados, y revivirte, revivir tu fuego, revivir tu caos eterno.
Mas otra mañana llega, y se me acaba otra vez la esperanza, se me apaga la confianza, se me entumece el valor. Ha sido otro día de vivir en tus sombras, de escabullirme de tus pensamientos, de dibujarte en las calles en medio de la gente, fue sólo un día más que te sentí cerca mío. Quizás traigas a mí más de lo que puedo recordar, pero son solamente conjeturas débiles, son sólo delirios descabellados. Son tristes intentos de comprender tu eternidad, mujer de mil vidas.
Son sólo deseos desesperados de por fin alcanzarte en tu soledad
Hoy es día de materializarte entre las telarañas de mi pensamiento, hoy es día de volverme etéreo y ser infinito, como tu perfección. Hoy pensarte no fue suficiente, y te quise mia, y te abrazé en los lugares donde no te pude encontrar.
Nunca me bastó tu ausencia, aunque es cierto que es por ella que retumban mis latidos cada vez más fuerte cuando consigo verte, o peor aún, cuando sólo creí haberte visto y el entorno te dibuja, como sabiendo que no hay mayor gloria que cuando apareces en una de nuestras tardes paganas.
Mujer de cadenas, que nos atas a los pobres mortales con tus ojos, que nos despojas de voluntad con tu sonrisa, que nos destruyes para siempre en tu olvido, fue suicidio tratar de retener tu suavidad.
Si bien es cierto que sabia de antemano que eras perdición, ahora podría volver a aceptar todo de ojos cerrados, y revivirte, revivir tu fuego, revivir tu caos eterno.
Mas otra mañana llega, y se me acaba otra vez la esperanza, se me apaga la confianza, se me entumece el valor. Ha sido otro día de vivir en tus sombras, de escabullirme de tus pensamientos, de dibujarte en las calles en medio de la gente, fue sólo un día más que te sentí cerca mío. Quizás traigas a mí más de lo que puedo recordar, pero son solamente conjeturas débiles, son sólo delirios descabellados. Son tristes intentos de comprender tu eternidad, mujer de mil vidas.
Son sólo deseos desesperados de por fin alcanzarte en tu soledad
lunes, 6 de enero de 2014
Mártir
Te levantas un día más. Un día más en la vida, un día más con la realidad, un día más con tu realidad. Te despiertas sabiendo que hasta tus demonios te tienen compasión. Es un día nuevo, lo sabemos, pero tú aún no has visto el amanecer.
Nadie nace para mártir, pero tú lo has convertido en profesión.
La esperanza te acompaña, me lo has dicho, pero la esperanza es traicionera. Hoy puede ser un gran día, pero tú solo esperas poder llamarlo así.
Nadie nace para mártir, y tú que ya lo tienes de vocación.
Nos han enseñado que nuestros problemas son pequeños, y los dejamos de lado.
"Hijo, te cambio 10 de tus problemas por uno de los míos". Y tu sólo te ahogabas en un vaso de agua. Pero, ¿Cuándo tendremos nuestros problemas de verdad?
Nadie nace para mártir,
Nadie.
Nadie nace para mártir, pero tú lo has convertido en profesión.
La esperanza te acompaña, me lo has dicho, pero la esperanza es traicionera. Hoy puede ser un gran día, pero tú solo esperas poder llamarlo así.
Nadie nace para mártir, y tú que ya lo tienes de vocación.
Nos han enseñado que nuestros problemas son pequeños, y los dejamos de lado.
"Hijo, te cambio 10 de tus problemas por uno de los míos". Y tu sólo te ahogabas en un vaso de agua. Pero, ¿Cuándo tendremos nuestros problemas de verdad?
Nadie nace para mártir,
Nadie.
miércoles, 1 de enero de 2014
Llueve (NN)
Llueve cuando sabemos qué debemos hacer, y preferimos las cosas que debemos evitar.
Llueve cuando vuelves en la humedad y en el viento.
Llueve cuando no debí haberte invocado, pero es tormenta cuando acudes.
Llueve en mis mañanas solas, cuando te busco estirando el brazo.
Llueve en la tierra de mis dioses muertos.
Llueve sobre las rosas y las nomeolvides.
Llueve entre recuerdos y entre esperanzas.
Llueve entre lo prohibido y lo que amas.
Llueve en las tardes que me extrañas.
Llueve en los días que me das la espalda.
Llueve todos los días que no te recuerdo.
Y yo que te recuerdo con la lluvia
Llueve cuando vuelves en la humedad y en el viento.
Llueve cuando no debí haberte invocado, pero es tormenta cuando acudes.
Llueve en mis mañanas solas, cuando te busco estirando el brazo.
Llueve en la tierra de mis dioses muertos.
Llueve sobre las rosas y las nomeolvides.
Llueve entre recuerdos y entre esperanzas.
Llueve entre lo prohibido y lo que amas.
Llueve en las tardes que me extrañas.
Llueve en los días que me das la espalda.
Llueve todos los días que no te recuerdo.
Y yo que te recuerdo con la lluvia
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