Varado en el mar del yo-no-sé, con una gorra vieja, y unas gafas rotas, producto del mini-infarto que tuve al redescubrir el sol.
Invoco a dioses muertos, dioses propios, mis dioses personales y ellos vienen, y me susurran al oído.
Cantando bajito himnos antiguos, como quien invoca el caos en el mundo, pero es todo lo contrario. Hoy no me basta.
Ya no recuerdo qué fue lo que quise olvidar. Las mañanas son frías por aquí.
En tu mundo siempre, siempre llueve.
En el mío ya no.
Todo lo que usé ya no vuelve. Un relámpago, una noche oscura, una esquina que doblar.
Hoy recordaste a los desconocidos.
Hoy congelamos el infierno.
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