domingo, 17 de noviembre de 2013

Nada que valga la pena (NN)

Es difícil hablar cuando tienes el corazón en la mano, latiendo a más no poder, como si fueran las puertas del cielo, sacudidas por todas las almas que están fuera.
Es tarde y tú duermes, pero el tiempo no existe cuando rompes el silencio. El tiempo no existe cuando sé que despertarás y no podrás volver a dormir, cuando tendrás tu corazón como el mío, cuando rompamos los meses de silencio.
Sé que fui yo quien creó esta distancia entre los dos, por motivos que antes no comprendías.
Pero me dices que creciste, que crecimos, ahora vemos las cosas con más claridad.
"Cuando miramos hacia atrás podemos ver en mejor perspectiva que cuando se está en el momento"
Y los dos estábamos ciegos.
No entiendo aún por qué lo hago, sería más fácil dejar las cosas así y continuar por mi lado, mientras tú vas por el tuyo.
Quizás sea porque, aunque te coloqué con mis demonios, no podía evitar buscar tus ojos cuando aparecías, buscarte aún, buscar la luz que ellos tenían en los momentos que dejamos atrás.
Pero creo que tú buscabas lo mismo en los mios,
y nos perdíamos.
Y otra vez pasábamos de largo.
Pero no diré que era como dos perfectos extraños, porque el eco de los latidos del corazón resonaba fastidiosamente en mis oidos, apagando la expresión que quería mantener.
Dejemos esta historia de lado, porque lo mejor que hacemos es dejarnos de lado, rompamos el silencio, porque estamos acostumbrados a rompernos cada que nos vemos.
Estamos bien ahora, otra vez podemos vernos a la cara sin sentir culpa, sin arder por dentro, sin volvernos cenizas.
¿Hay algo más que decir?


Sí.
Tengo un nudo en la garganta por todo esto.
Tengo una bomba en la mano, que estoy conteniendo como el último cristiano, que mantiene cerradas las puertas del infierno, rechinando los dientes, rompiendo sus huesos, para no dejar a los demonios escapar.
Tengo tantas lágrimas atrapadas en lo más profundo de los ojos, amargas, tristes, olvidadas.
Tengo nostalgia en el pecho, donde me abrazabas, donde te sentía más cerca.
No importa que me hayas roto en pedazos, y que me haya cortado con mis propias piezas de cristal, todo sigue como lo dejamos, pero ahora soy más conciente.
No ha sido fácil mantenerme así, no ha sido fácil verte de lejos, ignorarte de cerca.
Nunca fue fácil contigo, y eso era lo que nos gustaba.
¿Entonces, ahora hay algo que decir, antes de volver a ser gente, y olvidar todo lo que hemos pasado?



Nada que valga la pena

sábado, 2 de noviembre de 2013

Lienzo

Se nos escapa el tiempo lentamente, y aunque podemos, preferimos que siga su rumbo, cada vez más oscuro, cada vez más incierto.
Las horas en que morimos se han quedado en el camino, las horas de aquel entonces cuando amanecía despacio, cuando podíamos sentir el presente como terciopelo, esas horas que bañamos en miel. Esas horas que a veces descubro que aún traigo conmigo, escondidas en alguna nube del pensamiento, o debajo de alguna manecilla del reloj.
Nos vamos ahora con el viento, hacia adelante, muy rápido, tratando de alcanzar nuestro mañana prometido, y dejando atrás esas horas que vemos inútiles llevar, cada vez más lejos del lienzo amarillento del ayer, ese lienzo que se va tejiendo a nuestros pies, con nuestros pasos, y que se va quedando con un poco de nosotros en un cuadro eterno.
Mirar atrás nos amplía la perspectiva del momento que observemos, allá a lo lejos. Mirar hacia atrás nos deja ver una vez más esa eterna imagen. Mirar atrás nos hace retrasarnos del futuro, y nos volteamos nuevamente, redoblando el paso.
Mirando atrás, te robo de donde quiera que estés, y te traigo conmigo por un instante, tratando de revivir esa pintura que ya casi no alcanzo a ver. Pero rápidamente te vas, otra vez lejos, a caminar tu camino, sin saber que te fuiste por un segundo. Sólo nos queda sonreir

Y pensar que un día como hoy nació un recuerdo.