Era otra noche y era el mismo sueño, trayendo ecos de un pasado cercano, que se mece en las esquinas de la memoria, donde juntamos las telarañas.
Era de noche y estábamos despiertos.
Mas no era la víspera de nada, era solo otra noche más. El tiempo se quejaba de la hora, pero se iba lento, como quien alarga la despedida.
La lluvia en la ventana, el frío en el cristal y en tus manos, tus ojos distantes, el café helado. Todo señalaba que la tormenta sería eterna. Todo señalaba que el tormento sería breve.
Era una noche de esas en que te miraba y esperaba la palabra. Era una noche de esas en que te sentabas y no esperabas nada.
Era tarde y hacía frío, pero ni siquiera el viento murmuraba. Todos callados contemplando la nieve silenciosa, esperando un milagro de verdad
Era tarde y tu espalda estaba fría, pero no era la nieve, ni era el viento, era la distancia de mis latidos a tus oídos.
Era tarde y murmurabas, contemplando más allá de las nubes y más allá de la lluvia, como siempre, escapando hacia el horizonte, escapando por la ventana.
Era tarde, y yo me iba.
Era tarde, y te quedabas
miércoles, 30 de abril de 2014
viernes, 25 de abril de 2014
Tiempo perdido (NN)
La humedad evoca dulces cantares perdidos, cantares de los amantes grises, de los que se juran amor eterno bajo el agua, inmortalizando el sonido de sus corazones en el goteo de la lluvia de abril sobre el asfalto de las viejas ciudades. Ese maldito olor a humedad que te trae en nubes de memoria, como si supiera que casi, casi en el fondo, me gusta recordarte así.
Ha pasado ya mucho tiempo desde que decidimos marcharnos. Tú te fuiste ligera, en el aroma del café del desayuno, en el viento que mece la cortina del cuarto en esas mañanas calurosas, en el sonido de las llaves contra la puerta principal, tintinando, cual martillo con cincel, talandrando su paso en mi memoria, lento pero constante.
Fue tu cuerpo el que atravesó el portal, mas tu aroma... tu aroma se quedó en el aire, como mofándose del infortunio pasado, asentándose en los rincones en los que tu disfrutabas quedarte, casi casi como si no quisiera marcharse. Fue entonces cuando empecé a sospechar que te amé un poco, cuando me encontré con la mirada perdida, buscando una vez más ese punto maravilloso e invisible en el que te concentrabas mientras te sentabas a la ventana. El paisaje era ajeno, y a la vez era tan tuyo..
Recorrí el cuadro con calma, quizás así mis ojos podrían encontrar alguna mirada tuya grabada en las paredes de la ciudad, pero no, no te encontré ni en la vereda del frente, ni en el arbol del vecino que se deshoja sobre nuestro jardín, ni en el humo de los autos que pasan rápido por la calle, ni en esas rosas que dejaste olvidadas en la maceta que se deja ver cerca del zagúan.
Tan solo encontraba dibujos borrosos de memorias cercanas, algo manchados por la impaciencia.
Quizás entonces me di cuenta que no te habías ido sola, te llevaste contigo la casa. Y te llevaste la esencia con ella. El olor del café ya no era de café, y las sábanas de la cama ya no eran azules, y el espejo estaba con una sonrisa menos. Quedé solo en el recuerdo de lo que era una casa, ahora tan solo paredes con techo.
Y decidí, que era tiempo de reclamar lo justo. Pues no tenías el derecho de llevarte contigo el aroma del café, no tenías derecho a olvidar tus rosas, ni de quitar la sonrisa del espejo.
Era tiempo de conversar con la luna, para que me contara de tus sueños y tus noches, como antes lo hacía.
Era tiempo de invocar a las flores de primavera, pues ellas siempre le siguen el rastro a las suyas.
Era tiempo de comprobar si te llevaste la vida contigo...
O si fui yo quien la dejó irse.
"Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante"
Ha pasado ya mucho tiempo desde que decidimos marcharnos. Tú te fuiste ligera, en el aroma del café del desayuno, en el viento que mece la cortina del cuarto en esas mañanas calurosas, en el sonido de las llaves contra la puerta principal, tintinando, cual martillo con cincel, talandrando su paso en mi memoria, lento pero constante.
Fue tu cuerpo el que atravesó el portal, mas tu aroma... tu aroma se quedó en el aire, como mofándose del infortunio pasado, asentándose en los rincones en los que tu disfrutabas quedarte, casi casi como si no quisiera marcharse. Fue entonces cuando empecé a sospechar que te amé un poco, cuando me encontré con la mirada perdida, buscando una vez más ese punto maravilloso e invisible en el que te concentrabas mientras te sentabas a la ventana. El paisaje era ajeno, y a la vez era tan tuyo..
Recorrí el cuadro con calma, quizás así mis ojos podrían encontrar alguna mirada tuya grabada en las paredes de la ciudad, pero no, no te encontré ni en la vereda del frente, ni en el arbol del vecino que se deshoja sobre nuestro jardín, ni en el humo de los autos que pasan rápido por la calle, ni en esas rosas que dejaste olvidadas en la maceta que se deja ver cerca del zagúan.
Tan solo encontraba dibujos borrosos de memorias cercanas, algo manchados por la impaciencia.
Quizás entonces me di cuenta que no te habías ido sola, te llevaste contigo la casa. Y te llevaste la esencia con ella. El olor del café ya no era de café, y las sábanas de la cama ya no eran azules, y el espejo estaba con una sonrisa menos. Quedé solo en el recuerdo de lo que era una casa, ahora tan solo paredes con techo.
Y decidí, que era tiempo de reclamar lo justo. Pues no tenías el derecho de llevarte contigo el aroma del café, no tenías derecho a olvidar tus rosas, ni de quitar la sonrisa del espejo.
Era tiempo de conversar con la luna, para que me contara de tus sueños y tus noches, como antes lo hacía.
Era tiempo de invocar a las flores de primavera, pues ellas siempre le siguen el rastro a las suyas.
Era tiempo de comprobar si te llevaste la vida contigo...
O si fui yo quien la dejó irse.
"Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante"
lunes, 21 de abril de 2014
Para el mundo
Hoy no hay flores, no hay pájaros,
No hay amanecer rosado,
No hay luna en el día,
No hay botones retoñando,
No hay risas, no hay llanto.
Hoy no hay partidas, no hay llegadas,
No hay martir ni sangre,
No hay virgen ni hay santo,
No hay gritos silenciosos,
No hay dolor, tampoco canto.
Hoy no hay poeta solitario,
ni están los gatos en el tejado.
Ni las estrellas le brindan homenaje a la luna.
Ni las aves despiertan el alba con su canto.
Hoy no hay melancolía añeja,
No hay ni una copa de vino.
Hoy no hay dioses vivos,
Tampoco los hay muertos.
Hoy no hay piratas en alta mar
Ni hay detectives viejos en el pueblo,
Hoy no hay ficción ni tecnología,
Ni gritos de independencia,
ni movimientos libertarios.
Hoy no hay café de reflexión,
Ni romances con diosas etéreas.
Hoy no cae ningún imperio,
Hoy no hay musas imperfectas.
Hoy hay un eco distante,
Como recordando un viejo pensamiento:
El pecado más grande -decía-
es escribir sin inspiración.
No hay amanecer rosado,
No hay luna en el día,
No hay botones retoñando,
No hay risas, no hay llanto.
Hoy no hay partidas, no hay llegadas,
No hay martir ni sangre,
No hay virgen ni hay santo,
No hay gritos silenciosos,
No hay dolor, tampoco canto.
Hoy no hay poeta solitario,
ni están los gatos en el tejado.
Ni las estrellas le brindan homenaje a la luna.
Ni las aves despiertan el alba con su canto.
Hoy no hay melancolía añeja,
No hay ni una copa de vino.
Hoy no hay dioses vivos,
Tampoco los hay muertos.
Hoy no hay piratas en alta mar
Ni hay detectives viejos en el pueblo,
Hoy no hay ficción ni tecnología,
Ni gritos de independencia,
ni movimientos libertarios.
Hoy no hay café de reflexión,
Ni romances con diosas etéreas.
Hoy no cae ningún imperio,
Hoy no hay musas imperfectas.
Hoy hay un eco distante,
Como recordando un viejo pensamiento:
El pecado más grande -decía-
es escribir sin inspiración.
domingo, 13 de abril de 2014
Basta
Etérea e inalcanzable, allá en lo alto de tu trono, aún nos miras con el ceño fruncido, con desdén, con lástima.
Diosa del viento, que repudias a los nacidos en la tierra, que escupes sobre nuestros rostros a pesar de que somos los únicos que te saludamos al despertar.
No te olvides que solamente estás arriba, porque nosotros estamos abajo.
Diosa del viento, de belleza impecable, de suaves gestos y de rítmicos pasos, no te olvides que siempre podemos cerrar los ojos para ti, y no serás más que otro ser en el olvido. Un ser bello en un mundo de ciegos.
Diosa de los vientos, no te olvides que fuimos nosotros quienes te subimos a lo alto; nosotros, a quienes sólo nos ves como herramientas. No te olvides que los pájaros caen a nosotros, al encontrar su muerte.
Diosa de los vientos, recuerda que no eres única. Recuerda que no eres eterna. Recuerda que no eres perfecta.
Recuerda que todo nace en la tierra
Diosa del viento, que repudias a los nacidos en la tierra, que escupes sobre nuestros rostros a pesar de que somos los únicos que te saludamos al despertar.
No te olvides que solamente estás arriba, porque nosotros estamos abajo.
Diosa del viento, de belleza impecable, de suaves gestos y de rítmicos pasos, no te olvides que siempre podemos cerrar los ojos para ti, y no serás más que otro ser en el olvido. Un ser bello en un mundo de ciegos.
Diosa de los vientos, no te olvides que fuimos nosotros quienes te subimos a lo alto; nosotros, a quienes sólo nos ves como herramientas. No te olvides que los pájaros caen a nosotros, al encontrar su muerte.
Diosa de los vientos, recuerda que no eres única. Recuerda que no eres eterna. Recuerda que no eres perfecta.
Recuerda que todo nace en la tierra
sábado, 12 de abril de 2014
Agua (NN)
Comenzamos a vivir, y nuestro día comenzó nublado.
La mañana se alzó perezosa, con un aire a viejo, a añoranza. Las farolas de las calles aún encendidas, se han quedado despiertas un poco más para saludar al sol matutino.
Es un día de esos que te traen de vuelta.
A media luz, como me gusta dibujarte. En sombras, como cuando te adiviné aquellas noches en que te esperaba.
El día se levanta sutil, como queriendo imitar tus pasos.
Mi corazón, marcando tu ritmo.
Mis letras, escritas con agua de lluvia, sobre el pavimento de la ciudad.
La mañana se alzó perezosa, con un aire a viejo, a añoranza. Las farolas de las calles aún encendidas, se han quedado despiertas un poco más para saludar al sol matutino.
Es un día de esos que te traen de vuelta.
A media luz, como me gusta dibujarte. En sombras, como cuando te adiviné aquellas noches en que te esperaba.
El día se levanta sutil, como queriendo imitar tus pasos.
Mi corazón, marcando tu ritmo.
Mis letras, escritas con agua de lluvia, sobre el pavimento de la ciudad.
jueves, 10 de abril de 2014
En llamas (NN)
¿Cambiar para qué?
Las cosas nunca cambian: todo cambia.
No podemos ir contra el río de lo natural, precisamos adaptarnos.
Solo cambia lo imperfecto, solo cambia lo inseguro.
Solo cambias para bien.
Solo cambias para traer más caos al mundo.
¿Para qué desperdiciar las ruinas?
Deja que las piedras cuenten su pasado.
Deja que la historia continue, con las bases de su imperfección.
Solo así alcanzamos lo eterno, lo seguro.
Sólo así sobreviviremos al fuego.
Ser como el cielo y las nubes
Las cosas nunca cambian: todo cambia.
No podemos ir contra el río de lo natural, precisamos adaptarnos.
Solo cambia lo imperfecto, solo cambia lo inseguro.
Solo cambias para bien.
Solo cambias para traer más caos al mundo.
¿Para qué desperdiciar las ruinas?
Deja que las piedras cuenten su pasado.
Deja que la historia continue, con las bases de su imperfección.
Solo así alcanzamos lo eterno, lo seguro.
Sólo así sobreviviremos al fuego.
Ser como el cielo y las nubes
En ruinas (NN)
¿Cambiar qué?
Nunca ha cambiado: las cosas siempre cambian.
¿Para qué enmendar lo que no quiere ser enmendado?
¿Para qué arreglar lo que debe arreglarse?
Cambiar trae soluciones, y las soluciones no mejoran nada.
No vale la pena reconstruir lo que se ha roto.
Deja que los escombros vuelvan a la tierra, algo en su viaje habrán aprendido.
Deja que el tiempo sumerja en lo profundo la nostalgia de aquel pasado que nunca sucedió.
Déjalo, que el tiempo cura, el tiempo olvida, el tiempo entierra.
Nuestras ciudades, olvidadas en las arenas, quemadas hasta que quedaron cenizas.
El mundo envuelto en llamas. El mundo reducido a cenizas
Nunca ha cambiado: las cosas siempre cambian.
¿Para qué enmendar lo que no quiere ser enmendado?
¿Para qué arreglar lo que debe arreglarse?
Cambiar trae soluciones, y las soluciones no mejoran nada.
No vale la pena reconstruir lo que se ha roto.
Deja que los escombros vuelvan a la tierra, algo en su viaje habrán aprendido.
Deja que el tiempo sumerja en lo profundo la nostalgia de aquel pasado que nunca sucedió.
Déjalo, que el tiempo cura, el tiempo olvida, el tiempo entierra.
Nuestras ciudades, olvidadas en las arenas, quemadas hasta que quedaron cenizas.
El mundo envuelto en llamas. El mundo reducido a cenizas
domingo, 6 de abril de 2014
Con el tiempo (NN)
No llevaba consigo nada:
Ni un centavo en la cartera,
ni un abrigo para el mal tiempo
Se fue sin prisa, sin pena.
Se le había quemado
el horizonte en los ojos,
ya la vida le exigía a gritos
otra tierra, otra tierra.
Se había marchado
con las nubes del cielo.
Las paredes no la contenían,
las cadenas no la sujetaban:
Ella era el viento.
Se fue hacia la luz de la mañana.
Como solo ella lo hacía,
Con la cabeza siempre en alto,
Sonriendo, sonriendo.
Ella había escapado,
Muy temprano esa mañana,
Sólo el recuerdo la contenía,
Pero se irá con el tiempo...
con el tiempo.
Ni un centavo en la cartera,
ni un abrigo para el mal tiempo
Se fue sin prisa, sin pena.
Se le había quemado
el horizonte en los ojos,
ya la vida le exigía a gritos
otra tierra, otra tierra.
Se había marchado
con las nubes del cielo.
Las paredes no la contenían,
las cadenas no la sujetaban:
Ella era el viento.
Se fue hacia la luz de la mañana.
Como solo ella lo hacía,
Con la cabeza siempre en alto,
Sonriendo, sonriendo.
Ella había escapado,
Muy temprano esa mañana,
Sólo el recuerdo la contenía,
Pero se irá con el tiempo...
con el tiempo.
miércoles, 2 de abril de 2014
Bolero (NN)
Te veo desde lo alto de la ciudad.
Te veo en las noches oscuras de luna nueva, bajo la luz tenue de pequeños faroles viejos y amarillos.
Te alejas rápido, segura, decidida, lista para fundirte con las sombras, en remolinos inciertos, como caprichos de la mente.
Te reflejas en las paredes frías de este mundo que yo solo construí, para contener tu esencia, para quererte un poco más.
Escondida a los ojos de los mortales, visible solo con el eco de mi pulso cuando te extraño, cuando me invitas a tus sombras, a unirme a tu danza eterna, al vals de mi pulso. Cuando te alcanzo con mis recuerdos, y alcanzo el fantasma que vive en tus labios... tibios labios que alguna vez amé.
Con tu mirada fija en mi alma, sin parpadear, sin perder el detalle, taladrando en mi alma, carcomiendo mi cordura y consumiendo mi voluntad, invadiendo las mentes de nosotros, los que tuvimos el valor de perdernos en la niebla nocturna para llegarte a amar.
En los tejados de mi ciudad, en el azul de la noche, en mis latidos torpes cuando te veo, en las sombras grises del manto que nos cubre de las verdades ajenas, te alcanzo a encontrar.
Eres como un bolero olvidado, lenta y precisa, firmemente marcando tus pasos en mi vida, en el fondo de cada mirada desviada hacia ti.
Desvanécete un poco más, como me has acostumbrado. Desvanécete en memorias eternas y mátame en el recuerdo de todos los besos que te he quitado.
Quiero fundirme en tus pasos una vez más.
Te veo en las noches oscuras de luna nueva, bajo la luz tenue de pequeños faroles viejos y amarillos.
Te alejas rápido, segura, decidida, lista para fundirte con las sombras, en remolinos inciertos, como caprichos de la mente.
Te reflejas en las paredes frías de este mundo que yo solo construí, para contener tu esencia, para quererte un poco más.
Escondida a los ojos de los mortales, visible solo con el eco de mi pulso cuando te extraño, cuando me invitas a tus sombras, a unirme a tu danza eterna, al vals de mi pulso. Cuando te alcanzo con mis recuerdos, y alcanzo el fantasma que vive en tus labios... tibios labios que alguna vez amé.
Con tu mirada fija en mi alma, sin parpadear, sin perder el detalle, taladrando en mi alma, carcomiendo mi cordura y consumiendo mi voluntad, invadiendo las mentes de nosotros, los que tuvimos el valor de perdernos en la niebla nocturna para llegarte a amar.
En los tejados de mi ciudad, en el azul de la noche, en mis latidos torpes cuando te veo, en las sombras grises del manto que nos cubre de las verdades ajenas, te alcanzo a encontrar.
Eres como un bolero olvidado, lenta y precisa, firmemente marcando tus pasos en mi vida, en el fondo de cada mirada desviada hacia ti.
Desvanécete un poco más, como me has acostumbrado. Desvanécete en memorias eternas y mátame en el recuerdo de todos los besos que te he quitado.
Quiero fundirme en tus pasos una vez más.
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