Cielo azabache, entre ladrillos y metal.
Algunos árboles que saludan.
Y un intenso palpitar.
Palabras llenas de preámbulos, nada importante, yo no las escucho.. Y tú tampoco.
A veces mi corazón daba un grito.
A veces, el tuyo.
Un trato sin fundamento.
Y nos volvimos a perder en lo infinito.
Volamos sin alas y llegamos una vez más a nuestro cielo.
Un cuarto creciente que veo en tu rostro, y un cuarto menguante en el mio. Todo había acabado.
Por ahora.
Dos perfectos extraños nuevamente.
Atentos a las sombras, fundiéndonos a ciegas.
Y es que sólo nos ha gustado lo prohibido.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Sombras (NN)
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