Se nos escapa el tiempo lentamente, y aunque podemos, preferimos que siga su rumbo, cada vez más oscuro, cada vez más incierto.
Las horas en que morimos se han quedado en el camino, las horas de aquel entonces cuando amanecía despacio, cuando podíamos sentir el presente como terciopelo, esas horas que bañamos en miel. Esas horas que a veces descubro que aún traigo conmigo, escondidas en alguna nube del pensamiento, o debajo de alguna manecilla del reloj.
Nos vamos ahora con el viento, hacia adelante, muy rápido, tratando de alcanzar nuestro mañana prometido, y dejando atrás esas horas que vemos inútiles llevar, cada vez más lejos del lienzo amarillento del ayer, ese lienzo que se va tejiendo a nuestros pies, con nuestros pasos, y que se va quedando con un poco de nosotros en un cuadro eterno.
Mirar atrás nos amplía la perspectiva del momento que observemos, allá a lo lejos. Mirar hacia atrás nos deja ver una vez más esa eterna imagen. Mirar atrás nos hace retrasarnos del futuro, y nos volteamos nuevamente, redoblando el paso.
Mirando atrás, te robo de donde quiera que estés, y te traigo conmigo por un instante, tratando de revivir esa pintura que ya casi no alcanzo a ver. Pero rápidamente te vas, otra vez lejos, a caminar tu camino, sin saber que te fuiste por un segundo. Sólo nos queda sonreir
Y pensar que un día como hoy nació un recuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar!