miércoles, 22 de mayo de 2013

Dijo el cuervo... (NN)

Y así, nuestras espaldas se vuelven a encontrar.
Nuestro aire ya no es el mismo, ni nuestra espera se mantiene.
No nos importa ya, lo que era crucial hace unos días
y ciento ochenta parece ser nuestra nueva ley.
Es cierto que nunca pude ver dentro del caos,
y que su lenguaje era demasiado imperfecto para mi imperfección,
ahora me pregunto, por qué tanto empeño en buscar rosas dentro de las espinas,
y entiendo que el atardecer es más peligroso que tus palabras en la noche.
Pero dime, ¿quién tiene más culpa del pecado?,
¿el hombre que peca, o Dios que creó al hombre?
Quizás la realidad la forjamos a besos,
besos que ahora nos queman los labios y se retuercen dentro del ayer.
Y me he dado cuenta que si el árbol puede caer, es sólo porque tiene raíces,
que si la lluvia moja, es sólo porque queremos,
que todo sucedió por un sí.
Nuestras espaldas se vuelven a encontrar.
Y no dejo de creer que es lo mejor.
No podemos tapar el sol con un dedo,
ni la daga con un dedal.
Dos perfectos extraños en tu ciudad fantasma,
y un poco de mi poesía barata para sazonar la despedida casual.
Sólo espero que te des cuenta que ya no eres más tempestad.

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