miércoles, 8 de enero de 2014

Madrugadas (NN)

El viento te anuncia en noches frías como ésta. Y llegas suave, en una nube de recuerdos.
Hoy es día de materializarte entre las telarañas de mi pensamiento, hoy es día de volverme etéreo y ser infinito, como tu perfección. Hoy pensarte no fue suficiente, y te quise mia, y te abrazé en los lugares donde no te pude encontrar.
Nunca me bastó tu ausencia, aunque es cierto que es por ella que retumban mis latidos cada vez más fuerte cuando consigo verte, o peor aún, cuando sólo creí haberte visto y el entorno te dibuja, como sabiendo que no hay mayor gloria que cuando apareces en una de nuestras tardes paganas.
Mujer de cadenas, que nos atas a los pobres mortales con tus ojos, que nos despojas de voluntad con tu sonrisa, que nos destruyes para siempre en tu olvido, fue suicidio tratar de retener tu suavidad.
Si bien es cierto que sabia de antemano que eras perdición, ahora podría volver a aceptar todo de ojos cerrados, y revivirte, revivir tu fuego, revivir tu caos eterno.
Mas otra mañana llega, y se me acaba otra vez la esperanza, se me apaga la confianza, se me entumece el valor. Ha sido otro día de vivir en tus sombras, de escabullirme de tus pensamientos, de dibujarte en las calles en medio de la gente, fue sólo un día más que te sentí cerca mío. Quizás traigas a mí más de lo que puedo recordar, pero son solamente conjeturas débiles, son sólo delirios descabellados. Son tristes intentos de comprender tu eternidad, mujer de mil vidas.
Son sólo deseos desesperados de por fin alcanzarte en tu soledad

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