La blanca pared del frente sigue inmóvil y blanca como siempre. Un vistazo cotidiano, esperando a que algo suceda, esperando a que algo haya sucedido, pero no.
La fria pared sigue inmóvil.
Con el tiempo quizás se haya despintado un poco; con la expectativa, quizás, me haya apagado los recuerdos que alguna vez me entregó.
Quizás no debí dibujarle con tizas blancas lo que quería guardar.
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