jueves, 27 de febrero de 2014

En silencio

Fue otra noche de dudas en la ciudad del silencio, un eco a la distancia.
Los ciudadanos estaban quietos, a la expectativa, esperando algo, esperando a alguien, esperándote. Era la noche de la redención, era momento de revivirte, pequeña.
Cinco tumbas en la niebla, una destruida, una profanada. Cinco tumbas descubiertas, y en una yace la diosa... Tal vez.
No hay más cristianos valientes que se adentren a las criptas, gente escéptica que está conforme en los cinco, y yo con ellos.
Buscarte, pequeña, nunca fue fácil.
Sólo podemos traer a una de la muerte, y el pueblo entró a votación.
Revivir dioses siempre fue complicado, pues siempre renacen los demonios con ellos. Siempre vienen con sus demonios favoritos.
El secreto, decían, es traer a los demonios más sufribles. ¿Y tú, pequeña, qué demonios traes?
Cómo guiarte a nuestro mundo impensable, pequeña, cuando siento que aún no te he encontrado.
Cómo hacerte nacer de la tierra, si te siento en el viento, te siento en la lluvia, viva, en la luz.
Te extraño, y aún no sé quién eres.

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