martes, 6 de mayo de 2014

Bienvenida (nn)

Ya casi es de madrugada.
¿Cómo estás?
Han pasado unos días (meses quizás) y las cosas han seguido su curso como si nada hubiera pasado.
Si alguien nos pregunta, podemos sonreir un poco, quizás nada, mirar al inquisidor a los ojos y decir que todo está bien, que nada nuevo ha sucedido.
Podemos decir que esto, muy en el fondo ya lo esperábamos, como esperamos la lluvia cuando vemos a las hormigas buscando hojas, o como esperamos un trueno después de ver el relámpago. Esto ya lo esperábamos.
Tú me lo repetías cada que podías, en tu mirada fija, en tus manos temblorosas, en tus besos inseguros, en tus lágrimas ocultas y yo, yo te mentía, diciendo que el sol se había ocultado, diciendo que todas las noches veríamos a la luna saludarnos con su blanco rostro, como dándonos su bendición. Mas no sabes que la luna es traicionera, que el sol es pasajero, pero siempre vuelve. Siempre vuelve...
Tenías razón. Me alegraba verte, pero ella me desesperaba. Tu podías ponerme de cabeza, pero ella lo invertía todo y me dejaba de pie. Ella siempre fue el caos y yo, su aperitivo en bandeja de plata.
Tú lo sabías bien: tus palabras eran lindas, tus frases eran ciertas, pero su silencio mataba, sus pensamientos traían ecos en mi mente, y su voz sólo despertaban ciclones de sangre en mi interior.
Y sí, fui injusto, pues logré mentirte bien, pero créeme que lo peor fue creerme una mayor mentira:
Convencerme que no la amaba, convencerme que te quería.
No me juzgues, pues para qué vamos a juzgar a lo que nunca sucedió. Fuimos tontos: pan y circo.
Sí, yo me busco mis selectos enemigos:
Bienvenida

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