Estaba escrito, llegaríamos a lo mismo.
En las calles de nuestra ciudad fantasma te encontré como siempre te he encontrado, fugaz y ajena, fría, certera.
Las esperanzas se extinguían: era tarde, era lejos.
Las esperanzas volvían a nacer: estabas cerca, estabas cerca.
El día era de esos como tú, y yo que ya te estaba buscando.
Pero el tiempo pasa, a veces en vano, a veces con razón. El tiempo pasa, un palpitar marca su ritmo.
Será esta noche la última noche. Será esta noche cuando al fin te alcance, etérea.
Será, pues, noche de muerte, pues siempre cae un mártir en las noches de lluvia.
sábado, 17 de mayo de 2014
martes, 13 de mayo de 2014
Un momento de lucidez
Con los zapatos mojados y desgastados, rechinando en el asfalto, va el hombre sin rumbo.
Los zapatos cuentan historias tristes, historias alegres, historias de amor y aventuras.
El asfalto los escucha, pues siempre pasan por ahí caminantes con historias alegres y tristes, con historias verdaderas.
La gente en la calle ignora todo lo que pasa a su alrededor, como de costumbre.
Y así se pierden de todas las historias que suceden, todas las historias que nacen y mueren.
Con el eco se calló hasta el silencio.
Y se tuvo un momento de lucidez.
En las noches de luna, en las que la gente sigue igual,
la vida corre de la misma forma, sin dar y sin recibir.
El olor a café en las calles azules se hace presente
y los enamorados extrañan sus amores en los faroles.
La realidad de la vida está presente en todas las esquinas,
la noche sigue clara, la gente sigue durmiendo, la pena sigue presente.
Con una pena en el alma, va el enamorado por la vida, con un ramo de flores en la mano, con tristezas en el corazón. ¿Es que nadie puede entender su dolor?
Con la cara sucia, camina un niño por la calle, con la ropa vieja, con el cabello desaliñado, con una sonrisa en el rostro. Con una sonrisa en el rostro.
A veces parecía que de tanto creer en todo lo que pensábamos tan cierto
tendríamos el mundo entero y hasta un poco más
haríamos selva del desierto y diamantes de pedazos de vidrio.
Pero percibo ahora que tu sonrisa es diferente, casi pareciendo herirte.
No quería verte así, quiero tu fuerza como era antes
Lo que tienes es solo tuyo y de nada sirve huir y no sentir más nada.
A veces parecía que era solo improvisar, que el mundo sería entonces un libro abierto
Hasta que llegue el día en que intentamos tener demasiado,
vendiendo fácil lo que no tenía precio.
Yo sé, nada tiene sentido.
Quiero tener alguien con quien conversar,
alguien que después no use lo que dije, en mi contra
Nada más me va a herir, es que ya me acostumbré con el camino errado que seguí
y con mi propa ley.
Tengo lo que quedó y tengo suerte hasta por demás,
como sé que tienes, también.
Los zapatos cuentan historias tristes, historias alegres, historias de amor y aventuras.
El asfalto los escucha, pues siempre pasan por ahí caminantes con historias alegres y tristes, con historias verdaderas.
La gente en la calle ignora todo lo que pasa a su alrededor, como de costumbre.
Y así se pierden de todas las historias que suceden, todas las historias que nacen y mueren.
Con el eco se calló hasta el silencio.
Y se tuvo un momento de lucidez.
En las noches de luna, en las que la gente sigue igual,
la vida corre de la misma forma, sin dar y sin recibir.
El olor a café en las calles azules se hace presente
y los enamorados extrañan sus amores en los faroles.
La realidad de la vida está presente en todas las esquinas,
la noche sigue clara, la gente sigue durmiendo, la pena sigue presente.
Con una pena en el alma, va el enamorado por la vida, con un ramo de flores en la mano, con tristezas en el corazón. ¿Es que nadie puede entender su dolor?
Con la cara sucia, camina un niño por la calle, con la ropa vieja, con el cabello desaliñado, con una sonrisa en el rostro. Con una sonrisa en el rostro.
Legião Urbana - Andrea Doria
tendríamos el mundo entero y hasta un poco más
haríamos selva del desierto y diamantes de pedazos de vidrio.
Pero percibo ahora que tu sonrisa es diferente, casi pareciendo herirte.
No quería verte así, quiero tu fuerza como era antes
Lo que tienes es solo tuyo y de nada sirve huir y no sentir más nada.
A veces parecía que era solo improvisar, que el mundo sería entonces un libro abierto
Hasta que llegue el día en que intentamos tener demasiado,
vendiendo fácil lo que no tenía precio.
Yo sé, nada tiene sentido.
Quiero tener alguien con quien conversar,
alguien que después no use lo que dije, en mi contra
Nada más me va a herir, es que ya me acostumbré con el camino errado que seguí
y con mi propa ley.
Tengo lo que quedó y tengo suerte hasta por demás,
como sé que tienes, también.
domingo, 11 de mayo de 2014
3000
Queridos lectores del blog:
Hoy alcanzamos las 3000 visitas contadas desde el 1er dia del blog, y quería compartirlo con ustedes, las personas que están leyendo esto.
Ya sea porque les gusta lo que encuentran aquí escrito, o porque llegaron por accidente, espero que al pasar por aquí se hayan quedado con un recuerdo.
Estoy conciente que no es un número tan grande, comparado por otros lugares que reciben estas visitas en menos de un mes, pero para mí significa bastante. Cada vez que paso por aquí y veo que han leído algo, me alegra el día al pensar que sí hay quien lee estas pequeñas cosas.
Hoy quiero agradecerles a ustedes por sus visitas, mis lectores silenciosos.
En serio lo aprecio.
Un saludo con dejo a lluvia
Marthyx
Hoy alcanzamos las 3000 visitas contadas desde el 1er dia del blog, y quería compartirlo con ustedes, las personas que están leyendo esto.
Ya sea porque les gusta lo que encuentran aquí escrito, o porque llegaron por accidente, espero que al pasar por aquí se hayan quedado con un recuerdo.
Estoy conciente que no es un número tan grande, comparado por otros lugares que reciben estas visitas en menos de un mes, pero para mí significa bastante. Cada vez que paso por aquí y veo que han leído algo, me alegra el día al pensar que sí hay quien lee estas pequeñas cosas.
Hoy quiero agradecerles a ustedes por sus visitas, mis lectores silenciosos.
En serio lo aprecio.
Un saludo con dejo a lluvia
Marthyx
martes, 6 de mayo de 2014
Bienvenida (nn)
Ya casi es de madrugada.
¿Cómo estás?
Han pasado unos días (meses quizás) y las cosas han seguido su curso como si nada hubiera pasado.
Si alguien nos pregunta, podemos sonreir un poco, quizás nada, mirar al inquisidor a los ojos y decir que todo está bien, que nada nuevo ha sucedido.
Podemos decir que esto, muy en el fondo ya lo esperábamos, como esperamos la lluvia cuando vemos a las hormigas buscando hojas, o como esperamos un trueno después de ver el relámpago. Esto ya lo esperábamos.
Tú me lo repetías cada que podías, en tu mirada fija, en tus manos temblorosas, en tus besos inseguros, en tus lágrimas ocultas y yo, yo te mentía, diciendo que el sol se había ocultado, diciendo que todas las noches veríamos a la luna saludarnos con su blanco rostro, como dándonos su bendición. Mas no sabes que la luna es traicionera, que el sol es pasajero, pero siempre vuelve. Siempre vuelve...
Tenías razón. Me alegraba verte, pero ella me desesperaba. Tu podías ponerme de cabeza, pero ella lo invertía todo y me dejaba de pie. Ella siempre fue el caos y yo, su aperitivo en bandeja de plata.
Tú lo sabías bien: tus palabras eran lindas, tus frases eran ciertas, pero su silencio mataba, sus pensamientos traían ecos en mi mente, y su voz sólo despertaban ciclones de sangre en mi interior.
Y sí, fui injusto, pues logré mentirte bien, pero créeme que lo peor fue creerme una mayor mentira:
Convencerme que no la amaba, convencerme que te quería.
No me juzgues, pues para qué vamos a juzgar a lo que nunca sucedió. Fuimos tontos: pan y circo.
Sí, yo me busco mis selectos enemigos:
Bienvenida
¿Cómo estás?
Han pasado unos días (meses quizás) y las cosas han seguido su curso como si nada hubiera pasado.
Si alguien nos pregunta, podemos sonreir un poco, quizás nada, mirar al inquisidor a los ojos y decir que todo está bien, que nada nuevo ha sucedido.
Podemos decir que esto, muy en el fondo ya lo esperábamos, como esperamos la lluvia cuando vemos a las hormigas buscando hojas, o como esperamos un trueno después de ver el relámpago. Esto ya lo esperábamos.
Tú me lo repetías cada que podías, en tu mirada fija, en tus manos temblorosas, en tus besos inseguros, en tus lágrimas ocultas y yo, yo te mentía, diciendo que el sol se había ocultado, diciendo que todas las noches veríamos a la luna saludarnos con su blanco rostro, como dándonos su bendición. Mas no sabes que la luna es traicionera, que el sol es pasajero, pero siempre vuelve. Siempre vuelve...
Tenías razón. Me alegraba verte, pero ella me desesperaba. Tu podías ponerme de cabeza, pero ella lo invertía todo y me dejaba de pie. Ella siempre fue el caos y yo, su aperitivo en bandeja de plata.
Tú lo sabías bien: tus palabras eran lindas, tus frases eran ciertas, pero su silencio mataba, sus pensamientos traían ecos en mi mente, y su voz sólo despertaban ciclones de sangre en mi interior.
Y sí, fui injusto, pues logré mentirte bien, pero créeme que lo peor fue creerme una mayor mentira:
Convencerme que no la amaba, convencerme que te quería.
No me juzgues, pues para qué vamos a juzgar a lo que nunca sucedió. Fuimos tontos: pan y circo.
Sí, yo me busco mis selectos enemigos:
Bienvenida
miércoles, 30 de abril de 2014
La misma noche (NN)
Era otra noche y era el mismo sueño, trayendo ecos de un pasado cercano, que se mece en las esquinas de la memoria, donde juntamos las telarañas.
Era de noche y estábamos despiertos.
Mas no era la víspera de nada, era solo otra noche más. El tiempo se quejaba de la hora, pero se iba lento, como quien alarga la despedida.
La lluvia en la ventana, el frío en el cristal y en tus manos, tus ojos distantes, el café helado. Todo señalaba que la tormenta sería eterna. Todo señalaba que el tormento sería breve.
Era una noche de esas en que te miraba y esperaba la palabra. Era una noche de esas en que te sentabas y no esperabas nada.
Era tarde y hacía frío, pero ni siquiera el viento murmuraba. Todos callados contemplando la nieve silenciosa, esperando un milagro de verdad
Era tarde y tu espalda estaba fría, pero no era la nieve, ni era el viento, era la distancia de mis latidos a tus oídos.
Era tarde y murmurabas, contemplando más allá de las nubes y más allá de la lluvia, como siempre, escapando hacia el horizonte, escapando por la ventana.
Era tarde, y yo me iba.
Era tarde, y te quedabas
Era de noche y estábamos despiertos.
Mas no era la víspera de nada, era solo otra noche más. El tiempo se quejaba de la hora, pero se iba lento, como quien alarga la despedida.
La lluvia en la ventana, el frío en el cristal y en tus manos, tus ojos distantes, el café helado. Todo señalaba que la tormenta sería eterna. Todo señalaba que el tormento sería breve.
Era una noche de esas en que te miraba y esperaba la palabra. Era una noche de esas en que te sentabas y no esperabas nada.
Era tarde y hacía frío, pero ni siquiera el viento murmuraba. Todos callados contemplando la nieve silenciosa, esperando un milagro de verdad
Era tarde y tu espalda estaba fría, pero no era la nieve, ni era el viento, era la distancia de mis latidos a tus oídos.
Era tarde y murmurabas, contemplando más allá de las nubes y más allá de la lluvia, como siempre, escapando hacia el horizonte, escapando por la ventana.
Era tarde, y yo me iba.
Era tarde, y te quedabas
viernes, 25 de abril de 2014
Tiempo perdido (NN)
La humedad evoca dulces cantares perdidos, cantares de los amantes grises, de los que se juran amor eterno bajo el agua, inmortalizando el sonido de sus corazones en el goteo de la lluvia de abril sobre el asfalto de las viejas ciudades. Ese maldito olor a humedad que te trae en nubes de memoria, como si supiera que casi, casi en el fondo, me gusta recordarte así.
Ha pasado ya mucho tiempo desde que decidimos marcharnos. Tú te fuiste ligera, en el aroma del café del desayuno, en el viento que mece la cortina del cuarto en esas mañanas calurosas, en el sonido de las llaves contra la puerta principal, tintinando, cual martillo con cincel, talandrando su paso en mi memoria, lento pero constante.
Fue tu cuerpo el que atravesó el portal, mas tu aroma... tu aroma se quedó en el aire, como mofándose del infortunio pasado, asentándose en los rincones en los que tu disfrutabas quedarte, casi casi como si no quisiera marcharse. Fue entonces cuando empecé a sospechar que te amé un poco, cuando me encontré con la mirada perdida, buscando una vez más ese punto maravilloso e invisible en el que te concentrabas mientras te sentabas a la ventana. El paisaje era ajeno, y a la vez era tan tuyo..
Recorrí el cuadro con calma, quizás así mis ojos podrían encontrar alguna mirada tuya grabada en las paredes de la ciudad, pero no, no te encontré ni en la vereda del frente, ni en el arbol del vecino que se deshoja sobre nuestro jardín, ni en el humo de los autos que pasan rápido por la calle, ni en esas rosas que dejaste olvidadas en la maceta que se deja ver cerca del zagúan.
Tan solo encontraba dibujos borrosos de memorias cercanas, algo manchados por la impaciencia.
Quizás entonces me di cuenta que no te habías ido sola, te llevaste contigo la casa. Y te llevaste la esencia con ella. El olor del café ya no era de café, y las sábanas de la cama ya no eran azules, y el espejo estaba con una sonrisa menos. Quedé solo en el recuerdo de lo que era una casa, ahora tan solo paredes con techo.
Y decidí, que era tiempo de reclamar lo justo. Pues no tenías el derecho de llevarte contigo el aroma del café, no tenías derecho a olvidar tus rosas, ni de quitar la sonrisa del espejo.
Era tiempo de conversar con la luna, para que me contara de tus sueños y tus noches, como antes lo hacía.
Era tiempo de invocar a las flores de primavera, pues ellas siempre le siguen el rastro a las suyas.
Era tiempo de comprobar si te llevaste la vida contigo...
O si fui yo quien la dejó irse.
"Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante"
Ha pasado ya mucho tiempo desde que decidimos marcharnos. Tú te fuiste ligera, en el aroma del café del desayuno, en el viento que mece la cortina del cuarto en esas mañanas calurosas, en el sonido de las llaves contra la puerta principal, tintinando, cual martillo con cincel, talandrando su paso en mi memoria, lento pero constante.
Fue tu cuerpo el que atravesó el portal, mas tu aroma... tu aroma se quedó en el aire, como mofándose del infortunio pasado, asentándose en los rincones en los que tu disfrutabas quedarte, casi casi como si no quisiera marcharse. Fue entonces cuando empecé a sospechar que te amé un poco, cuando me encontré con la mirada perdida, buscando una vez más ese punto maravilloso e invisible en el que te concentrabas mientras te sentabas a la ventana. El paisaje era ajeno, y a la vez era tan tuyo..
Recorrí el cuadro con calma, quizás así mis ojos podrían encontrar alguna mirada tuya grabada en las paredes de la ciudad, pero no, no te encontré ni en la vereda del frente, ni en el arbol del vecino que se deshoja sobre nuestro jardín, ni en el humo de los autos que pasan rápido por la calle, ni en esas rosas que dejaste olvidadas en la maceta que se deja ver cerca del zagúan.
Tan solo encontraba dibujos borrosos de memorias cercanas, algo manchados por la impaciencia.
Quizás entonces me di cuenta que no te habías ido sola, te llevaste contigo la casa. Y te llevaste la esencia con ella. El olor del café ya no era de café, y las sábanas de la cama ya no eran azules, y el espejo estaba con una sonrisa menos. Quedé solo en el recuerdo de lo que era una casa, ahora tan solo paredes con techo.
Y decidí, que era tiempo de reclamar lo justo. Pues no tenías el derecho de llevarte contigo el aroma del café, no tenías derecho a olvidar tus rosas, ni de quitar la sonrisa del espejo.
Era tiempo de conversar con la luna, para que me contara de tus sueños y tus noches, como antes lo hacía.
Era tiempo de invocar a las flores de primavera, pues ellas siempre le siguen el rastro a las suyas.
Era tiempo de comprobar si te llevaste la vida contigo...
O si fui yo quien la dejó irse.
"Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante"
lunes, 21 de abril de 2014
Para el mundo
Hoy no hay flores, no hay pájaros,
No hay amanecer rosado,
No hay luna en el día,
No hay botones retoñando,
No hay risas, no hay llanto.
Hoy no hay partidas, no hay llegadas,
No hay martir ni sangre,
No hay virgen ni hay santo,
No hay gritos silenciosos,
No hay dolor, tampoco canto.
Hoy no hay poeta solitario,
ni están los gatos en el tejado.
Ni las estrellas le brindan homenaje a la luna.
Ni las aves despiertan el alba con su canto.
Hoy no hay melancolía añeja,
No hay ni una copa de vino.
Hoy no hay dioses vivos,
Tampoco los hay muertos.
Hoy no hay piratas en alta mar
Ni hay detectives viejos en el pueblo,
Hoy no hay ficción ni tecnología,
Ni gritos de independencia,
ni movimientos libertarios.
Hoy no hay café de reflexión,
Ni romances con diosas etéreas.
Hoy no cae ningún imperio,
Hoy no hay musas imperfectas.
Hoy hay un eco distante,
Como recordando un viejo pensamiento:
El pecado más grande -decía-
es escribir sin inspiración.
No hay amanecer rosado,
No hay luna en el día,
No hay botones retoñando,
No hay risas, no hay llanto.
Hoy no hay partidas, no hay llegadas,
No hay martir ni sangre,
No hay virgen ni hay santo,
No hay gritos silenciosos,
No hay dolor, tampoco canto.
Hoy no hay poeta solitario,
ni están los gatos en el tejado.
Ni las estrellas le brindan homenaje a la luna.
Ni las aves despiertan el alba con su canto.
Hoy no hay melancolía añeja,
No hay ni una copa de vino.
Hoy no hay dioses vivos,
Tampoco los hay muertos.
Hoy no hay piratas en alta mar
Ni hay detectives viejos en el pueblo,
Hoy no hay ficción ni tecnología,
Ni gritos de independencia,
ni movimientos libertarios.
Hoy no hay café de reflexión,
Ni romances con diosas etéreas.
Hoy no cae ningún imperio,
Hoy no hay musas imperfectas.
Hoy hay un eco distante,
Como recordando un viejo pensamiento:
El pecado más grande -decía-
es escribir sin inspiración.
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